Con su dulce caricia el sol de mayo
del guerrero inmortal besó la frente,
vertiendo en su alma su glorioso rayo
de misteriosas ansias un torrente (bis)
Ansió la libertad…soñóla hermosa
cual la visión eterna del amor.
Y siempre en holocausto…de esa diosa…
suspira, su indómito valor.
La visión de la Patria lo enajena,
la visión de su gloria lo electriza, lo electriza
y en Chancay, de entusiasmo el alma llena
arrojándose al mar se inmortaliza.
Hierve en sus venas cual candente lava
la generosa sangre de titanes
y funde el yugo de la Patria esclava
castigando sacrílegos desmanes.
Mártir de libertad, numen sagrado
cuya homérica vida es un poema,
deja que en nombre de mi pueblo amado
ciña a tu frente una inmortal diadema.
¡Salve inmortal! ¡Salve, salve, inmortal!
¡Salve, salve!
Letra: María Mitchell de Ramírez
Música: Antonio Papa